Invencion del Lavasuelos, antecedente de la fregona, Emilio Bellvis, Inventores Españoles. Inventos nacionales. Manuel Jalon.

Herencia creativa e intelectual compartida y labor de inventor; así pudiéramos compendiar la vida y la obra de Emilio Bellvis Montesano, si se tratara de resumir toda una experiencia vital en torno a su esfuerzo, y a un proyecto humano que este aragonés de raíz, nacido en 1914 -año, por otra parte, inmerso en la historia más dificil de Europa- tuvo como horizonte social y humano. Es también, quizá como no podría ser menos, desde el sentimiento noble y generoso de Emilio Bellvis, reconocimiento que él mismo expresara en distinto lugar y tiempo, la traducción lógica de una línea a seguir y que marcó su padre Don Camilo, en la inquieta aventura de creación y de trabajo.

Desde estos principios, o sensibilidades, que tal vez sólo sean patrimonio de personas muy escogidas, Emilio Bellvis Montesano, sumergido en el ambiente inquieto e ilusionante del trabajo de su padre, entendió desde muy jóven la fuerza de poseer metas por cumplir, proyectos por realizar, y sobre todo, un futuro por recorrer. De manera que pronto se vio completamente ganado por el espíritu del trabajo y de la mano de don Camilo, acaso fundador de una saga inolvidable para Zaragoza, para su tierra, el joven e inquieto Emilio, vivía jornada a jornada todo el complejo mundo de la empresa, de la industria. Fue desde el principio un trabajador por convicción y como se decía al principio, como herencia que se convierte, por simple adherencia diaria, en un lema a cumplir irreversiblemente.

En seguida, al ras de su crecer como persona adulta, Emilio entraba a trabajar con su padre en la fábrica en la que se producían las famosas Ollas Exprés. En realidad sus primeras inquietudes profesionales aparecieron sobre aquel magnífico proyecto hecho realidad en sus años de niñez por su padre y por su tío, pero que también fue ocasión para desarrollar en él, al cabo del tiempo, una especial vocación para emular la intención inventiva, el poder de crear y pensar en construir siempre el instrumento preciso.

Emilio Bellvis, no obstante su obligada jornada diaria, busca la experiencia y el aprendizaje profesional intentando, con su poder de observación y sus dotes de trabajo, conocer las múltiples complejidades de un oficio tan especializado. Al acabar la guerra llega al Ejército del Aire como oficial civil en donde, rápidamente, gracias a sus conocimientos y a los estudios en los que se empeña, alcanza la categoría de Contramaestre de primera, y destinado como encargado de las reparaciones de aviones en la base aérea de Agoncillo, primero, y después en la de Valenzuela, en Zaragoza, a partir de los años cincuenta.

Sin duda, su estancia en la Maestranza de la aviación, el contacto directo con los innumerables problemas técnicos que resolver, apoyaron aquella vocación sobrevenida por herencia, y que él, desde su innata inquietud, provoca constantemente trabajando con intensidad en su casa durante las horas sin servicio. Fueron años de duras jornadas, en las que, después de su tiempo en la Base, se entregaba al trabajo en la trastienda de su establecimiento de recambios, para desarrollar el primer friegasuelos de “Rodex”.

Trabaja duro en su condición de contramaestre, y su capacidad y disposición encuentra una excepcional acogida en el seno de la institución donde servía hasta el punto que el Ministerio del Aire, en resolución firmada en 1943, le otorga la Cruz del Mérito Aeronáutico con distintivo blanco de primera clase, y que supone uno de los primeros reconocimientos al esfuerzo personal y a la generosa entrega de Emilio Bellvis Montesano a la sociedad de su entorno y de su época. Emilio solucionó un problema muy importante en los aviones para que pudiesen volar. En este sentido, siempre procuró utilizar bien su tiempo, y combinaba su dedicación profesional en el ejército del aire con su vocación de inventor o de creador, y acaso las dos vocaciones caminaban juntas a la espera de la idea feliz que, como una predicción, se daría en los años cincuenta cuando presenta al público la obra tal vez más nombrada en su trayectoria profesional como es “el lavasuelos, antecedente de la fregona”. Como él mismo aseguraba, a pesar de la trascendencia comercial de su invento “seguía la línea de su padre”, pero su tenacidad se vio compensada en ese modelo de friegasuelos que durante mucho tiempo había estado diseñando y perfeccionando.

Como quiera que el planteamiento económico era alto para entonces, la empresa que fundó en unión de un amigo, se convirtió en sociedad anónima, a la que más tarde presentó la patente de su el lavasuelos, antecedente de la fregona con el expediente 74.587, presentado el 23 de Diciembre de 1958, con la que iniciaron los procesos de producción de lo que popularmente se conoce como el lavasuelos, antecedente de la fregona, y que, reformada en todo su proceso, constituía un elemento absolutamente nacido de la inventiva de Emilio Bellvis.

De todos modos la personalidad de Emilio, de Don Emilio, porque sólo él, que ha hecho de su vocación un permanente servicio a la comunidad, merece este crédito y esta consideración, ha patentado en la conciencia de todos, en la sociedad y en sus amigos y familia, la mejor creación de una vida honesta y generosa que, en definitiva, es el mejor título que nadie pueda presentar nunca. Es ahora, junto a su familia, y guardando el recuerdo imborrable de su padre como símbolo de hombre de bien, de gigante humano, cuando empieza a vislumbrar todo cuanto ha hecho, y cuanto ha soñado, en un descanso al que tiene derecho por simple y pura correspondencia.

Emilio Bellvis Montesano falleció el 11 de Noviembre de 1993 a sus 79 años. Su enorme corazón había dado mucho de si.









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